Hay algo que seduce en desplazarse tan rápido como sea posible, y el videojuego no ha permanecido ajeno a ello desde su origen mismo. Muchas han sido las fórmulas, los títulos, los protagonistas, las excusas… Reflejos, adrenalina, reto… Y sin embargo, al hablar de velocidad en el universo lúdico, el referente que de forma casi unánime acude a la mente de los jugadores del mundo, no es ni una nave, ni un coche, ni un ingrávido bólido futurista. En el videojuego, desde 1991, la velocidad es azul y calza zapatos rojos…

Un ícono inmortal

Con 30 años a sus puntiagudas espaldas, alguien podría pensar que Sonic, la mítica mascota de una Sega que hoy es sólo un reflejo del gigante que un día fue, ha perdido algo de esa vertiginosa rapidez que le llevara a triunfar con el despunte de los 16 bits, pero lo cierto es que pese unos últimos años algo menos lustrosos, su imagen sigue asociada a los principales valores con que fuera concebido entonces. A saber: carisma y, como hemos dicho, velocidad. En Sega lo tenían claro. Si querían competir de tú a tú con un rival como Nintendo, desde mediados de los 80 un buque imparable que surcaba el mercado occidental a toda vela gracias sobre todo al viento de cierto bigotudo fontanero, debían dar forma a un equivalente con la capacidad de poner en jaque al aparentemente incombustible Mario. Tras un fallido intento por hacer de Alex Kidd, el orejudo mozalbete zampahamburguesas, una mascota plataformera que pugnara con él a basede saltos y golpes, en Sega Japón decidieron que debían cambiar radicalmente su estrategia.

El nacimiento de una estrella

La línea maestra para la misma se trazaría sobre la máquina que por entonces era el orgullo y la esperanza de la empresa en esa lucha con Nintendo, una bestia de 16 bits negra como la noche, y con un corazón tan rápido como sus 7,6 Mhz podían dar de sí: Mega Drive. Con esa premisa como punto de partida, sólo quedaba dar con el héroe que estuviera a la altura, alguien que representara la imagen agresiva y gamberra con que Sega quería desmarcarse de Nintendo, tradiconalmente familia, sobre todo desde que en suelo americano, donde se libraría la mayor de las batallas que la industria conociera, un tal Tom Kalinske se hiciera con el timón de la compañía. Naoto Oshima recibió el encargo de diseñar un personaje que aglutinara esos ingredientes, y tras descartar ideas iniciales en forma de conejo, armadillo, perro y hasta de cierto humano gordinflón y bigotudo (a la postre reciclado como archienemigo), se decantó por un erizo, simpático pero a la vez agresivo cuando se hace bola y muestra sus púas, toda vez una improvisada encuesta por Central Park le abriera los ojos a los gustos del público occidental.

Ya sólo quedaba darle forma, y con unos trazos sencillos y reconocibles, una piel azul como el logo de la empresa a la que representaría, y unas zapatillas rojas (inspiradas en los zapatos del gran MJ en la portada de bad) que contrastaran e hiicieran pensar en que correr no debia dársele nada mal, Sonic cobró forma. Descartados algunos elementos adicionales como colmillos, chupas de cuero, o novias humanas en favor de un toque más cercano pero innegociablemente carismático y vacilón, el héroe, la mascota,el reconocible icono con que Sega se dispuso a plantar cara a su némesis tras años de intratable reinado, había nacido.

Fuente: As Meristation

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