La proliferación de los juegos de granjas ha tapado un poco su lanzamiento, uno que hará las delicias de los usuarios de este perfil de obras por su espectacular apartado visual, su sencillez a la hora de plantear el conflicto y el cariño depositado en él y en Onbu.

Hay conceptos que resultan antagónicos por su propia naturaleza; por ejemplo, un nómada nunca podrá vivir asentado, porque dicho concepto ya se contradice con el de sedentarismo. ¿Cómo definimos entonces a un pueblo que pretende levantarse sobre los lomos de Onbu, una especie de estegosaurio fusionado con Avalugg que no para de moverse y del que también tendremos que cuidar, como si fuese un elemento más –y siendo, en realidad, el más importante-? No hay respuesta clara, pero sí podemos decir que The Wandering Village es un título de gestión muy bonito que gustará a la mayoría del público al que se dirige.

En un momento en la que «las granjas» están un poco masificadas –Nintendo fue un poco meme en el último Direct por enseñar varios juegos relativos a esta mecánica, como Factorio; y Xbox también ha hecho su apuesta con Lightyear Frontier-, un equipo de 10 personas suecas ha parido una obra llena de dedicación y esfuerzo. Porque aunque el planteamiento sea simple y las posibilidades no innoven en exceso, el videojuego rezuma cariño y devoción, con unos diseños preciosos y un ambiente afable que invita a quedarse y desarrollar nuestra idílica civilización.

En The Wandering Village erigiremos nuestra propia comunidad a lomos de una gigante criatura que se va desplazando e introduciendo en distintos biomas. Estamos en un mundo postapocalíptico en el que hay plantas venenosas que impiden el desarrollo de la vida, pero sobre Onbu las evitamos. Claro que también pueden crecer sobre él, por lo que la idea es sencilla: ambos, sociedad y criatura, deben cooperar para sobrevivir.

Un viaje hacia ningún lugar

Los primeros pasos son muy sencillos y servirán para levantar el esqueleto del asentamiento móvil. Primero, habremos de construir las tiendas donde viven los integrantes de la tribu. Después, una granja en la que establecer parcelas para poder cosechar nuestros propios recursos, que luego serán cocinados en una cocina. Ya luego vienen los puestos de reclutamiento, almacenes, caminos, pozos de agua, centros de investigación… Las estructuras más habituales y comunes de este tipo de juegos que irán creciendo en posibilidades conforme avancemos en la aventura.

Cada clima afecta de forma distinta al devenir de nuestras accionesHay que tener una cosa presente que es fundamental para el devenir de nuestra sociedad. Onbu viaja, y ello implica que se desplaza y que transita por una variedad diferente de terrenos y espacios. La consecuencia de esto es que cada clima afecta de forma distinta al devenir de nuestras acciones. Por ejemplo, los que son especialmente áridos dificultarán la cosecha de agua. Otros favorecerán el crecimiento de especies tóxicas que perjudicarán a la población y al pequeño gran compañero/vehículo con el que establecemos una relación peculiar.

Sin embargo, sí que se nota un poco falto de complejidad en las cotas más profundas del juego. Las posibilidades son ciertamente reducidas y el juego se enfoca mucho en el «cuanto más, mejor». Por ejemplo, no es posible optimizar la granja o los almacenes para que tengan una producción mejor o un mayor almacenaje. La única posibilidad es ampliar numéricamente las construcciones de nuestro asentamiento o destinar más trabajadores a estas, pero eso depende de la cantidad de habitantes de la civilización. En esta misma línea, cuanto más grande sea nuestro asentamiento, mayores manos tendremos y mayores tareas podremos abarcar.

The Wandering Village tiene un aura y una gracia que lo hacen especialSi algo he de destacar aquí es el apartado técnico. No suelo prestar atención a estos aspectos cuando juego, pero aquí es que es imposible. En un mundo tridimensional combinado con diseños 2D, los diseños, el color, la fluidez y naturalidad del movimiento de los habitantes, sus vestimentas… Incluso el diseño y el desplazamiento de Onbu se sienten muy naturales. Da esa sensación de cercanía y proximidad con el pueblo que pretendemos levantar, una sensación muy guay para un juego repleto de elementos con los que nos podemos encandilar.

Aunque The Wandering Village no se diferencia demasiado de cualquier otro juego de gestión del mercado en cuanto a mecánicas, tiene un aura y una gracia que lo hacen especial. Porque en Frostpunk debemos mantener un cacharro metálico operativo, pero aquí se trata de un ser vivo que hay que cuidar, estrechar la relación con él, atender sus necesidades, darle órdenes, ser ignorados, seguir estrechando la relación, volver a dar órdenes, ser escuchados por fin… En definitiva, estar pendientes mientras nos deja desarrollar nuestra civilización sobre él. Un detalle que no está de más devolver de forma casi altruista.

Fuente: 3D Juegos