Nota: Este es un texto de opinión basado en las primeras horas de Pokémon Perla Reluciente. El análisis final del título se publicará en los próximos días.

Como consumidores es fácil sentirnos decepcionados ante la abundancia de remakes, reboots y reediciones diversas que buscan traer de vuelta, y no siempre en las mejores condiciones, obras con las que tenemos un fuerte vínculo emocional. El frenético calendario de estrenos y lanzamientos que tienen que enfrentar las productoras y distribuidoras de videojuegos, música y televisión encuentra en la reutilización de contenido una especie de comodín que permite ahorrar costes de pre-desarrollo y marketing, captando de entrada el interés de una audiencia que ya es capaz de reconocer la marca. Pero aunque los remakes han existido desde siempre, últimamente los diferentes anuncios son acogidos con un pronunciado fatalismo que pasa por encima de todas sus bondades inherentes. Teniendo en cuenta que los remakes y los reboots funcionan como una especie de modernización que permiten atraer a una audiencia para la que el producto original ha quedado desfasado, es inaccesible o tiene pocos atractivos, parece difícil ponerle alguna pega previa a un regreso que no altera de ninguna forma el producto original.

Desde el punto de vista del analista cultural, la desidia relacionada con este tipo de propuestas viene, no tanto por la reutilización de premisas, sino por el reciclaje de ideas que conlleva y que nos obliga a obviar en muchas ocasiones el nuevo contexto de lanzamiento para centrarnos de manera casi exclusiva en los cambios de forma. Por ir a un ejemplo bastante ilustrativo, aunque fuera de la industria del videojuego, podemos ver como el tráiler del inminente regreso de West Side Story aprovecha el atractivo de caras jóvenes, mucho más reconocibles para la audiencia contemporánea, mientras mantiene inalterables la música, los diálogos y la premisa principal. En el momento de su estreno original en 1962, West Side Story fue un musical rompedor que abordaba la inmigración y la xenofobia mediante la historia de dos grupos, descendientes de irlandeses y puertorriqueños recién llegados a Nueva York, que enfrentaban diferentes tipos de prejuicios como parte de un proceso de «otredad». La cinta condenaba el enfrentamiento entre las dos minorías, señalando a través de la tragedia que el camino a seguir pasaba necesariamente por el amor y el entendimiento. Y dado que próxima versión, dirigida por Steven Spielberg, no parece tener intención de actualizar este comentario, el análisis de la cinta quedará a expensas de la técnica o recaerá, de forma ineludible, el las conexiones con la primera película y el momento social que la puso en marcha.

Desde su anuncio y el lanzamiento de los primeros avances, Pokémon Perla Reluciente y Diamante Brillante se mostraban como una actualización que, al estilo del remake de West Side Story, no tenía más ambición que la de modernizar un juego icónico a través de la reformulación de su apartado visual y el salto a una nueva plataforma que lo llevara a toda esa generación que no pudo disfrutar del juego 15 años atrás. Por eso mismo, al abordar un título de este estilo siempre es tentador recurrir a la socorrida nostalgia para usarla como marco contextual en lo que no puede ser otra cosa que una enumeración de las virtudes y los defectos que encontramos al mirar el juego con los ojos de un jugador más experimentado y alejado de sentimentalismos. Y aunque siempre encuentro poco estimulante este tipo de análisis, sí que me ha sorprendido en esta ocasión darme cuenta del hecho de que la saga Pokémon no (solo) se está quedando anticuada a causa de su inmovilismo, sino por ser una franquicia cuyos pilares fundacionales son casi imposibles de adaptar a estos tiempos. Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente no solo muestran la falta de inspiración dentro de The Pokémon Company sino lo mucho que hemos crecido, avanzado y profundizado dentro de la industria del videojuego en general.

La idea central en cualquier juego en la serie principal de Pokémon se revuelve alrededor del deseo de un niño de convertirse en Entrenador, una especie de luchador profesional, que captura, mejora y desarrolla estrategias para aprovechar las habilidades de los pokémon con el objetivo de derrotar a sus rivales. La estructura del título, como la de tantos RPGs y aventuras al estilo coming of age, utiliza el viaje como metáfora del crecimiento tanto personal del protagonista, como de su faceta de luchador competitivo. No obstante, entrando en Pokémon con ojos actuales es imposible pasar por alto la enorme disonancia entre los deseos expresados verbalmente por los protagonistas y las acciones que llevan a cabo dentro del juego. Mientras que los diferentes profesores que nos sirven de mentores nos recuerdan que el ser humano y los pokémon viven, colaboran y disfrutan en libertad y armonía, el núcleo jugable del título —incluida la compleción de la Pokedex—, necesita que capturemos y encerremos a los diferentes monstruos, sacándolos de su hábitat y estado natural, para que así obedezcan todas nuestras órdenes. La mayoría de juegos de la franquicia tienen distintas formas de aumentar nuestra «amistad» con el equipo que nos invitan a pasar tiempo con ellos, a mimarlos y a acariciarlos, obviando nuestra intención de hacerlos combatir hasta desfallecer. 

Es dificil encontrar en los últimos años un juego más retorcido en este sentido que los de la saga Pokémon. No obstante, también es imposible no relacionar su violencia casual e infantil con el de otras propuestas, como la de Fortnite, que disfrazan con bailes y colores lo que es un brutal ejercicio de competición y supervivencia. Puede ser que el problema principal que enfrenta la saga Pokémon de cara al futuro no sea tanto la manera de lidiar con sus contradicciones —que pasamos por alto simplemente porque estamos condicionados para hacerlo— sino la imposibilidad de mantenerlas controladas mientras se abre a los requerimientos de los juegos de aventuras actuales. El mundo que recorremos en Pokémon Perla Reluciente y el resto títulos de la franquicia es estático e impersonal; lleno de caminos con NPCs idénticos que nos repiten una y otra vez la misma frase y que siempre tienen un nivel algo más bajo que el de nuestro estado actual. Mientras que incluso los juegos más pequeños hacen uso de la IA y el diseño narrativo para intentar crear una experiencia más inmersiva y «realista» (es imposible aquí no mencionar a Hades en cuanto a las múltiples líneas de diálogos disponibles para sus personajes), y los diseñadores no dejan de explorar las posibilidades de la creación de mundos abiertos y la narrativa ambiental, en Pokémon siguen repitiendo sus impersonales diseños de interiores y sus pueblos separados por «pasillos» en los que subimos de nivel bajo la excusa de ser un título para niños que debe (en este caso) mantenerse más fiel que nunca al título original.

Jugando a Pokémon Perla Reluciente he llegado a la conclusión de que, lejos de ser la «fórmula infalible» que consideraba, es una franquicia que no podría triunfar en este estado a día de hoy. Los videojuegos han cambiado y los requerimientos y las sensibilidades de los jugadores se han refinado en consecuencia. Ante la salida de este remake me pregunto por las intenciones de Nintendo, y si el público objetivo de este lanzamiento son aquellos que no pudieron disfrutar del original o esa audiencia que ya lo hizo y que necesita conectar de alguna manera con los buenos recuerdos de su infancia. Mi opinión personal es que en este momento y estado, Pokémon está seriamente desfasado y tiene grandes problemas para llegar al público actual que van más allá del aspecto visual o las diferentes limitaciones de las plataformas. Que ha dejado de ser un RPG de introducción para niños y se ha convertido en un token para adultos que quieren disfrutar con algo conocido y familiar. ¿Tiene eso algo de malo? Desde luego que no, pero me cuesta afrontar un análisis de una saga que carece de todo tipo de ambición. Buscar ideas y mensajes en un proyecto que parece que solo quiere cumplir con lo mínimo. Tomarme seriamente un juego que no quiere entiende siquiera de dónde vienen las bromas.

Fuente: AnaitGames

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