Hubo una época en la que Nintendo 64 contó con algunos de los mejores plataformas 3D que podemos recordar. Fue entonces cuando la antigua Rare nos entregó uno de los mejores representantes del género: Banjo-Kazooie. Fue en 1998 cuando llegó esta aventura que seguía el camino iniciado por Super Mario 64 y que en algunos aspectos llegaba a superarlo. Diez años después se lanzó en Xbox Live Arcade con ligerísimas mejoras y ahora lo jugamos en el Game Pass para contaros cómo ha envejecido esta obra maestra retro.

Banjo-Kazooie es un cuento clásico: una bruja rapta a la hermana del protagonista y debemos ir en su búsqueda con nuestro peculiar compañero. Sencillez en estado puro, pues a finales de los noventa tampoco necesitábamos mucha más historia para irnos de aventuras. Ahora nos puede parecer demasiado infantil y predecible, pero sigue siendo una excusa perfecta para darnos un plataformas muy variado y divertido. Incluso más de veinte años después su humor sigue sacándonos muchas sonrisas aunque perdieran la oportunidad de traducirlo a nuestro idioma al llevarlo a Xbox. Muchos chistes se basan juegos de palabras y si no los conoces pierden todo el encanto.

La principal diferencia entre el cartucho de N64 y el juego de Xbox radica en la jugabilidad, pues no es lo mismo jugar con el controller de una que de otra. En la consola de Nintendo funcionaba casi a la perfección y aún hoy os sorprenderéis de cómo podíamos realizar tantos movimientos con la combinación de tan pocos botones. Aunque apuntar era un poco impreciso y la cámara nos jugaba malas pasadas. En Xbox con el segundo stick para ella pensaremos que el juego se creó con él en mente. Facilita mucho la jugabilidad y los movimientos parecen menos torpes excepto en las fases acuáticas que ahí se sigue sufriendo por el control.

El juego luce bastante bien gráficamente en Xbox pues las texturas se han suavizado y tenemos el formato panorámico. En ella se sigue conservando toda la belleza del juego original pues tiene una puesta en escena muy colorida y viva. Todos los mundos están llenos de elementos y enemigos aunque no son muy grandes, incluso los escenarios Super Mario 64 parecían más extensos, y en un par de vueltas seremos capaces de memorizarlos. No por ello nos pondrán las cosas fáciles para encontrar las diez piezas de puzzle que hay en cada uno de los nueve niveles. Los cuales pueden parecer pocos pero son tan variados y el hub central, Gruntilda’s Lair, tan laberíntico que hará que parezcan más.

Lo que se mantiene inalterado es la diversión del juego y lo bien construido que está en cuanto a curva de dificultad y reto de los objetivos. Nos confiaremos en los primeros niveles, de corte más alegre, pero cuando lleguemos a los últimos veremos cómo el juego pertenece a la antigua escuela. No es imposible conseguir todas las piezas de puzzle, os animamos a ello por satisfacción personal, pero nos llevará a algún momento de desesperación y querer lanzar el controller contra la pantalla. Sorprende para la época del original la variedad de situaciones y lo original del enfrentamiento para liberar a Tooty, que nos contaremos para evitar destripes. El juego aún brilla por la originalidad de sus fases y muestra todo el savoire faire de la Rare en los noventa.

Lo que sí se consiguió con el lanzamiento del juego en Xbox Live Arcade fue vincular la primera y segunda parte, Banjo-Tooie (N64, 2000), además del juego de Xbox 360 Banjo-Kazooie: Knuts & Bolts. Muchos recordarán los inaccesibles huevos de colores y la llave de hielo del primer juego que desbloquearían secretos en su secuela a través del sistema Stop ‘n’ Swop. Este consistía en sacar el cartucho e introducir el otro rápido mientras la consola estaba encendida y se conservaban en la memoria los datos del primero. Al final no pudo ser por petición de la propia Nintendo y las pequeñas revisiones de hardware: de 10 segundos en la memoria de los primeros modelos se pasó a solo 1 haciendo imposible la transferencia. La llegada a Xbox y el guardado conjunto de las tres entregas han permitido que podamos disfrutar de esta funcionalidad perdida en el tiempo. No es mucho incentivo para jugar a los tres pero todo un detalle para sacarnos la espinita.

El juego incluido en el recopilatorio Rare Replay (XONE, 2015) es el mismo que tuvimos en Xbox Live Arcade con todas estas mejoras y el que recibiremos en Switch, a través de Nintendo Online, la versión original del cartucho de N64. Las mejoras hechas para la consola de Microsoft tampoco son decisivas para decantarse por estas versiones pero sí las hacen un poco más agradables al jugar. La traducción hubiera marcado la diferencia.

Banjo-Kazooie marcó un hito en 1998 proclamándose como uno de los mejores plataformas en 3D. Sin darnos cuenta Super Mario 64 nos enseñó a jugar en nuevos entornos, y juegos como el que nos ocupa perfeccionaron nuestras habilidades. Hoy con juegos como Ratchet & Clank: Una Dimensión Aparte y el nivel alcanzado puede que nos hagan ver a Banjo-Kazooie como algo del Pleistoceno de los videojuegos, pero nada más allá. El juego de Rare ejemplifica perfectamente que hay títulos que no envejecen y a los que hay que jugar en algún momento. Una magia, controles, retos y música que nos atraparán y que nos harán desear que nunca acabe la aventura con nuestros amigos antropomorfos. Si no disfrutasteis de esta obra en su momento os lo recomendamos desde aquí sin equivocarnos y si lo hicisteis nunca está de más volver a hacerlo, pues es como sentirse en casa. En conclusión, un pedacito de historia de los videojuegos en formato plataformas que no tenéis excusa para no jugarlo.

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Fuente: BornToPlay