No se puede decir que Gungrave sea la serie más popular del mundo, y aun así aquí estamos: es 2022 y las dos entregas de PlayStation 2 reciben una nueva secuela, Gungrave G.O.R.E., desarrollado por el estudio coreano Iggymob bajo la supervisión de Red Entertainment, responsables de los originales. No es este un regreso triunfal ni un acontecimiento histórico; es un juego de cajón de saldos que continúa una serie icónica de los cajones de saldos.

Si algo se puede destacar de Gungrave G.O.R.E. es la forma en la que reverencia su legado, hasta el punto de replicar con enorme disciplina el gameplay y la estructura de los de PlayStation 2. Es un juego de acción pasillero porque quiere, no porque no consiga ser otra cosa; avanzas por los niveles eliminando a todo lo que se te pone por delante, normalmente en grandes números, y siguiendo una gigantesca flecha amarilla que se encarga de que no te sientas perdido ni un segundo. A veces es necesario apuntar, pero por lo general el autoapuntado es suficiente; también puedes usar el gigantesco ataúd metálico que cargas a la espalda para atizar cuerpo a cuerpo, con combos poco a poco más desarrollados y que expanden la utilidad de este pesado y lento mamotreto, y cuando tienes la oportunidad también puedes lanzar ataques especiales, útiles al principio y cruciales más adelante, cuando los enemigos empiezan a tener la mala manía de superarte, y por mucho, en número.

Es un juego sencillo, ya digo, un matamata en el que no hay otra cosa que hacer que matar y matar; es el mismo arcade estilizado que era en PlayStation 2, en fin, e incluso los enemigos y estrategias apropiadas para hacerlos frente son las mismas que en los dos originales. Nada que objetar a esta aproximación cafre y desenfadada al juego de acción, aunque creo que a Gungrave G.O.R.E. se le puede poner algún pero que no le va bien independientemente de sus intenciones. El movimiento es demasiado torpe; la gracia de que parezca los de PlayStation 2 está bien hasta que deja de estarlo, y pronto se ve dónde había margen de mejora, dónde algún movimiento adicional podría haber ayudado a darle dinamismo al gameplay e incluso a terminar de darle forma a la idea original de Gungrave, bastante ambiciosa en su momento y seguramente limitada por el hardware y los recursos. La ambición del año 2002 se recibe de forma distinta veinte año más tarde; sí se ven pequeñas apuestas por darle un refrescón al juego (las habilidades desbloqueables, por ejemplo, parecen pensadas para ser conseguidas a lo largo de varias partidas; por eso en la primera vuelta elegir unas cosas u otras tiene más peso, define más tus posibilidades), pero Iggymob tropieza claramente con el gamefeel, demasiado acartonado e inerte: falla a la hora de transmitir el sentido del estilo que sin duda busca, y a los mandos da una sensación rígida, con poco impacto, sin un peso definido o que se dirija a ningún sitio.

Es suficientemente corto como para funcionar como picoteo nostálgico y descerebrado, y lo cierto es que no es muy habitual ver hoy en día juegos que abracen con tanta decisión una fórmula y una estructura tan claramente pasada de moda; hasta la navegación por los menús le transporta a uno a los años de PS2 o incluso a los primeros de PS3, a la frontera entre el Salvaje Oeste de los 128 bits y el Nuevo Mundo de estándares y quality of life en el que vivimos ahora. Incluso hay alguna instancia de Engrish en carteles y letreros («Great World»; «Buy 3 Free 4») que parece hija de otra época. Es un juego que llega un poco tarde, imagino, ahora que ya no tenemos esos cajones de saldos de los que Grave podría ser el rey; en 2022, Gungrave G.O.R.E. es un pequeño guilty pleasure nostálgico para gente que busque un picoteo ligero en Game Pass, aunque me temo que no lo tendrá fácil para acabar convirtiéndose en juego de culto.

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Fuente: AnaitGames

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